El azar que suele ser así de caprichoso, quiso que una catalana encontrase en nuestro pueblo lo que en su tierra hasta el momento parecía no existir. Fue en nuestra feria , donde ese chico alto, sonriente y desaliñado en su vestimenta, cercano en el trato y amigo de casi todo el mundo, robó el corazón de esta guapa badalonesa.
Lo que empezó como un amor de verano, se fue consolidando poco a poco, hasta el punto de que los muchos kilómetros que los separaban, nunca supusieron un obstáculo en su relación. El avión se convirtió en su mejor aliado y en el mejor testigo del amor, respeto y cariño que se profesaban mutuamente. Mañana volverán a encontrarse nuevamente. Él disfrutará de su sonrisa y de esa dulzura que nadie como ella sabe expresar. Ella, por su parte, reirá con las ocurrencias y chascarrillos propios de nuestro pueblo que con toda seguridad le regalará a menudo. En algún momento, los relojes se detendrán y recordarán cómo la vida los premió conociéndose. La distancia no es nunca un obstáculo, ellos lo han confirmado. Mientras tanto, yo, aquí, también en la distancia, estaré contento y feliz, porque ambos, están en buenas manos.