17 de febrero de 2024

MI CARTA A LOS REYES MAGOS

 

Siendo yo republicano de profundas convicciones,

gracias a mi abuelo Frasco, al que apodaban el trigo,

cuando llegan estas fechas  de fiestas y polvorones,

suelo aparcar mis principios y convertirme en un niño.

 

Y escribo a sus majestades, unos señores de Oriente,

que viajan en camellos  guiados por una estrella,

cargaditos de regalos desde  otro continente

y en el corazón de todos, van dejándonos su huella.

 

Y cuando me pongo a escribir mi carta correspondiente,

miro a mi alrededor y me siento afortunado.

Si tengo  lo necesario para vivir dignamente

y a la gente que más quiero aún la tengo  a mi lado,

¿para qué voy a pedir a los Reyes más regalos?

 

Pero algo he de escribir en este papel en blanco,

aunque no sea para mí y porque me hace ilusión,  

pediré para la escuela , la pública, la de todos,

la que permite que un niño se eduque sin distinción,

sin importar si eres pobre o de otra religión.

 

La escuela de la igualdad, la escuela de la inclusión,

donde siempre se respetan distintas formas de amar,

donde se inculcan valores que nos permiten soñar

con una sociedad más justa y con más humanidad.

 

Les pido como maestro y con toda la humildad,

que se baje ya la ratio para poder enseñar,

atendiendo a cada niño según su necesidad

y si puede ser también, aunque no quiero abusar,

que la Ley de Educación no se modifique más.

 

Como ven, lo que les pido, tiene fácil solución,

depende de la importancia que se dé a la educación,

espero que como magos y buena gente que son,

hagan realidad muy pronto, esta bonita ilusión.

16 de mayo de 2021

UN ESPEJO DONDE MIRARSE.

 

UN ESPEJO DONDE MIRARSE.

Poner en valor el papel de las familias en la escuela es algo que los docentes  nunca podemos olvidar si realmente aspiramos  a que la educación sea un instrumento de cambio en la sociedad actual. Educar sin tener en cuenta el contexto familiar  del alumnado es como pretender poner puertas al campo. Todo el esfuerzo y las horas de trabajo que dediquemos como maestros y maestras, dentro y fuera del aula, caerán en saco roto si no somos conscientes de la realidad de nuestros niños y niñas. 

Desde mi experiencia profesional son muchas las ocasiones en las que desde la administración se nos insiste en que la escuela debe ser compensadora de las desigualdades que nuestro sistema actual provoca y que somos los docentes, quienes, con los escasos recursos de los que disponemos en nuestros centros y con una ratio de alumnos/as cada vez más elevada, estamos obligados a dar respuesta a las numerosas casuísticas que encontramos dentro de nuestro aula.

 Es por ello que agradezco que esta pandemia haya puesto el foco en las necesidades  que muchos padres y madres presentan para poder atender  y ayudar desde  un punto de vista tecnológico a sus hijos e hijas por no disponer de los recursos necesarios para ello.

Sin embargo, más allá de este problema que ya conocíamos la mayoría de maestros y maestras y que de alguna forma ha suscitado un debate social como consecuencia del confinamiento que vivimos, existe, desde mi punto de vista, un problema de mayor envergadura y que afecta al alumnado más vulnerable desde hace muchos años. Me estoy refiriendo a los niños y niñas con necesidades específicas de apoyo educativo y a sus familias.

 Cada curso escolar y debido al elevado número de alumnos/as por aula que existe en la actualidad como consecuencia de la no creación de nuevas unidades en la escuela pública, se hace más difícil ofrecer una atención de calidad a este alumnado. Es por ello que es de justicia hacer una mención especial a las madres y padres de estos niños y niñas que hacen que nuestra labor diaria sea más sencilla. Ser padres no es tarea fácil, pero ser padres de un niño o una niña con necesidades educativas especiales es un  reto diario de paciencia, constancia y perseverancia.

 He tenido la suerte de conocer a madres y padres extraordinariamente  involucrados en el proceso educativo de sus hijos e hijas. Madres y padres que cada mañana, además de hacerles la mochila con los libros y el material que van a necesitar ese día en clase, se ven en la obligación de cargar esa misma mochila de  valores como el esfuerzo, la autoestima, la confianza en sí mismos y de esa energía que solo puede transmitir una madre y un padre y que no podríamos explicar con palabras.

Son esas familias, que tienen la capacidad de emocionarte en una tutoría cuando te cuentan el esfuerzo titánico que realizan por las tardes para que sus hijos e hijas vayan avanzando pasito a paso, pero con firmeza .Son esas familias  que te escuchan y te piden consejo porque confían plenamente en sus maestros y maestras. En definitiva son personas que están hechas de una pasta especial y que son un ejemplo de superación  para todos y todas, un espejo donde mirarnos cuando no quejamos por cosas insignificantes que nos afectan en nuestro día a día.

Es admirable escuchar a estos padres decirte con una sonrisa en la cara y con un brillo especial en los ojos, que el cinco que ha sacado su hijo o hija, es para ellos un sobresaliente, porque detrás de ese número hay una trabajo silencioso de muchas horas que nadie ve, pero que son el resultado de no bajar los brazos ni desfallecer en ningún momento.  Son estas familias y estos niños y niñas quienes realmente hacen que nuestra profesión cobre sentido, por ello quiero hacerles este reconocimiento público y mostrarles toda mi admiración y respeto.

 

Fdo: Maestro Manolo

23 de diciembre de 2020

¡Vivan los niños y las niñas!

 ¡VIVAN LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS!

Primera etapa superada. Hoy las notas de toda la vida (ahora boletines de calificación) que las familias esperaban en ese invento al que hacen llamar “Pasen”, eran lo menos importante. Hoy no se trataba de valorar quien ha aprendido más o quien ha presentado más dificultades para alcanzar los objetivos que establecen los indicadores de evaluación que la administración nos lleva imponiendo desde hace unos años. Hoy ha sido un día histórico y así pasará a la historia. Por primera vez en la historia más reciente, la escuela se enfrentaba a una pandemia desconocida por la ciencia y nuestros niños y niñas, como soldados en primera línea de batalla, no solo han vencido  al virus,  sino que han sido un ejemplo para la humanidad y han demostrado un grado de responsabilidad impropia para las edades que tienen, dando una lección de civismo a esa gente que se empeña en desafiar a la muerte, incumpliendo las normas que desde las autoridades sanitarias se establecen y olvidando que la vida de una persona es lo más sagrado que existe y no es negociable.

Quizás en todos los años que llevo en la docencia, este haya sido el trimestre en el que más me haya costado poner las calificaciones de mi alumnado. Y no porque no tuviera elementos de juicio suficientes para ello, sino porque moralmente ,de una u otra forma, todos los maestros y maestras, estamos en deuda con ellos y ellas. Mis niños y niñas ,que apenas tienen 7 años, han sido los grandes héroes de mi historia personal como maestro durante estos tres meses de curso y han hecho que mis miedos y mi incertidumbre se transformarán día a día en esperanza y optimismo de que un mundo mejor será posible con ellos y ellas.  Las dudas que existían sobre la capacidad de adaptación de niños y niñas tan pequeños y pequeñas a una situación tan excepcional, se fueron disipando desde el primer día, demostrándonos que ante las adversidades, estos pequeñajos y pequeñajas se hacen gigantes y han sido capaces de escribir una página de la historia, que hasta hace apenas unos meses, nos hubiera  parecido  ciencia ficción si alguien nos hubiera insinuado que algo así podía suceder.

 Es por ello, que independientemente de lo que digan esas notas o calificaciones, me permito la licencia moral y ética de conceder un sobresaliente general  a este grupo de valientes que cada mañana, pertrechados con sus mascarillas, nunca han perdido la sonrisa y jamás han verbalizado una queja sobre la incomodidad que este cubrebocas, como suelen decir nuestros hermanos latinoamericanos, les suponía. No sé qué le habrán pedido a los Reyes Magos o a ese gordinflón y barbudo que hemos importado a nuestra cultura, lo que sí tengo claro, es que el mayor regalo que se han ganado, ha sido el respeto y la admiración de todos los adultos que hemos tenido la suerte de compartir espacio y tiempo con ellos. Felices fiestas y salud. 


Fdo. Manolo Romero ( maestro de escuela).

19 de septiembre de 2020

NUESTROS NIÑOS Y NIÑAS, UN EJEMPLO A IMITAR

 

NUESTROS NIÑOS Y NIÑAS, UN EJEMPLO A IMITAR

El reloj aún no marca las nueve. Maestros y maestras se dirigen a sus respectivas filas para recoger a su alumnado. Sus ojos reflejan  la incertidumbre y la inseguridad de quien no quiere equivocarse en ninguno de sus movimientos. Cualquier fallo, puede ser determinante. O al  menos eso parece que nos han trasladado desde todos los estamentos educativos existentes.

Comienza el ritual. “Buenos días a todos y todas”, decimos a nuestros pequeños y pequeñas héroes y heroínas que nos esperan pertrechados con todo su arsenal para dar comienzo un nuevo día. Con una disciplina impropia para sus edades, mascarilla en rostro, brazos extendidos para marcar la distancia con su compañero/a, un artilugio con gel hidroalcohólico que parece que les sirve de entretenimiento y ante la atenta mirada de sus  familiares que no pierden detalle tras la verja, se disponen a emprender una nueva batalla contra un enemigo que nunca han visto, pero que saben de deben combatir a diario porque es muy peligroso.

Toca el timbre y de forma ordenada van entrando como nunca antes lo habían hecho, despacio, sin correr y en ocasiones con un silencio que corta el aire. Van posando sus piececitos sobre un felpudo que encuentran a la entrada y mientras lo hacen, algunos giran su cabecitas como buscando  la aprobación de  sus mamás, que orgullosas sonríen porque sus retoños, están haciendo las cosas más bien de lo que nunca imaginaron.

“No se toca la barandilla de la escalera”, “¿por qué maestro”, “porque nuestro enemigo puede estar oculto en cualquier parte y debemos ser prevenidos”. Nuestros héroes suben de manera impecable cada uno de los peldaños que los separan de su aula y una vez allí, sentados en sus pupitres, el maestro pasa por cada uno de ellos y ellas y les obsequia con un poquito de gel como si se tratase de un premio por el trabajo bien hecho. Lo que ocurre dentro del aula pueden imaginarlo.

A las dos, miles de docentes vuelven a sus casas  preguntándose  si todo lo hicieron como tenían que hacerlo y con el miedo de recibir por la tarde una llamada que tire por tierra todo el esfuerzo y el empeño que pusieron en su trabajo. Enseñar así es difícil, muy difícil. Por eso la responsabilidad individual y colectiva no puede ser algo arbitrario, sino un ejercicio obligatorio de ética y moralidad para todos y todas.

Lo que acabo de contarles no es una fábula, ni un cuento, es la pura realidad que vivimos en los centros educativos en estos momentos. Y si algo he aprendido en estos primeros días de curso, es que los niños y niñas nunca dejarán de sorprendernos. Estuvieron a la altura durante  el confinamiento que tuvo lugar  a mediados de marzo y lo están ahora cuando más los necesitamos. Ellos y ellas, nunca nos fallan.

Quizás si los adultos empezáramos a imitarlos,  la situación no sería que la es. Piénsenlo.

   

10 de septiembre de 2020

LA ESCUELA DE LAS MIRADAS

 

LA ESCUELA DE LAS MIRADAS

El viernes abrirá de nuevo las puertas nuestro CEIP Bernardo Barco. Seis largos y tristes meses después, la sonrisa de los niños y niñas del pueblo de la Campana inundarán otra vez  las aulas de nuestro maltrecho cole. Un nuevo curso escolar, atípico por las circunstancias que desgraciadamente nos ha tocado vivir, dará comienzo en un escenario de incertidumbre y “miedo” que no tiene parangón en nuestra más reciente historia. Padres y madres con infinidad de dudas pidiendo que se les garantice la seguridad de sus hijos e hijas, maestros y maestras intentando asimilar unas instrucciones y un protocolo “parido” de la improvisación y las prisas de una administración educativa que una vez más se pone de perfil cuando de un servicio público como la educación se trata.

 Una vez más asistimos al “no hay dinero” para un elemento de cohesión social como debe ser la educación en cualquier democracia moderna y que aspire a construir un país avanzado y lejos de la mediocridad. Una vez más, encontraremos aulas saturadas de niños y niñas con capacidades diferentes que no podrán ser atendidos como merecen porque hasta hoy los maestros y maestras carecemos del don de la ubicuidad para prestarles el tiempo y la atención que necesitan. Mucho alumnado, pocos docentes. Sin embargo, todavía  hay quien, desde la poltrona del poder, dice que el principal problema de la educación no es la elevada ratio, sino que hay otros factores que tienen una mayor incidencia en la calidad de la enseñanza. La ignorancia es muy atrevida y cuando a un señor lo sacan de la cancha de baloncesto para dirigir la educación de la mayor Comunidad Autónoma de este país, pasa lo que pasa.  

El viernes, quienes estudiamos para ser maestros y maestras, nos veremos obligados a convertirnos en enfermeros, vigilantes y  limpiadores para dar respuesta a una emergencia sanitaria que se pretende resolver a coste cero, sin recursos y sin medios, solo y exclusivamente confiando en la buena voluntad de los profesionales de la enseñanza.  

 A pesar de todo y de todos, los maestros y maestras volveremos a estar a la altura de las circunstancias, como ya lo estuvimos en el confinamiento y como lo hemos estado en estos primeros días de septiembre.

Será el año de las escuelas de las miradas, pero será. Tras esa máscara, cada maestro y maestra, deberá interpretar la tristeza, la decepción, la frustración o el agradecimiento a nuestro trabajo. Los ojos de nuestros niñas y niñas serán el combustible que cada día nos dará la fuerza necesaria para remar en este mar de incertidumbre y desasosiego que se nos presenta. Y es que como decía Paulo Coelho nadie logra mentir, nadie logra ocultar la verdad cuando miramos directo a los ojos.

Sí, será el año de las miradas, pero también será el año en el que los maestros y maestras podemos poner en valor la profesión más hermosa del mundo. Mucha suerte.

15 de agosto de 2015

EL PESEBRE DE LOS INDOLENTES


El vocablo latino praesepe se convirtió, en nuestra lengua, en pesebre. El término, en su sentido más amplio, se  refiere al receptáculo o depósito en el que se les deja el alimento a los animales para que éstos puedan comer.

El uso más habitual del concepto, sin embargo, se encuentra en el ámbito de la religión. Se conoce como pesebre o belén a la representación de la llegada al mundo de Jesús, la cual se exhibe en la época navideña, ya sea en los templos, en las casas, en las tiendas o en diversos espacios públicos.
Dentro del catolicismo, por lo tanto, el pesebre es un elemento muy importante durante la celebración de la Navidad.  Pero no solo entre los católicos este término suscita una especial atención, hay determinados partidos políticos que de esta palabra han hecho todo un dogma convirtiendo el PESEBRISMO, en un movimiento hegemónico en las instituciones que controlan y gobiernan.

Mucho se ha debatido sobre la utilidad de las Diputaciones Provinciales y las Delegaciones Provinciales, que a todas luces se han convertido en verdaderos cementerios de elefantes que vienen de vuelta de la política y encuentran en ellas el retiro perfecto para hacer poco y cobrar ingentes cantidades de dinero. Digamos que estas instituciones se han convertido en el pesebre por excelencia para muchos de los indolentes que se acercan a la política, no para mejorar las condiciones de vida  de los ciudadanos sino para hacer carrera profesional a costa de los impuestos de todos los contribuyentes que pagamos sus suculentos sueldos.

Lo que llama poderosamente la atención es el  modus operandis de estos pesebristas que  roza la perversión. Resulta que es el partido quien designa a dedo qué persona debe empezar a comer de ese pesebre, sin embargo las retribuciones que recibe el pesebrista las pagamos todos los contribuyentes, es decir, los suculentos sueldos  salen del erario público y no del partido. Una forma de hacer política con el dinero de todos, y al mismo tiempo de ejercer el control en las diferentes áreas de las instituciones.

Pero no queda aquí la cosa, existen muchos más pesebres que suelen dar de comer a muchos y muchas. El requisito para acceder a uno de ellos es muy sencillo: tener carnet del partido y  perder las elecciones locales en tu pueblo reiteradamente. No hay que pasar una prueba de oposición y mucho menos estudiar algo, simplemente con dorar la píldora al jefe del partido y no disentir mucho de la dirección de éste,  , tienes la vida resuelta para vivir a cuerpo de rey durante algunos años.

No es de extrañar que  el término “política/o” se encuentre bastante desvirtuado. Si leemos su significado en el diccionario nos inspira respeto, sin embargo, cuando esa  palabra se traslada a la  vida real y a lo concreto, podríamos percibirlo más como un insulto que como una virtud. Y todo ello más aún cuando a diario desayunamos con casos de corruptelas que parecen no tener fin o con episodios como el acontecido con el secretario general del partido de la “ambigüedad” en nuestro municipio.

En la Grecia Clásica la sociedad se dividía en  politikós e  idiotikós. Los primeros eran los ciudadanos que se ocupaban de los asuntos públicos de la ciudad y buscaban el bienestar común de sus ciudadanos. Los idiotikós, en cambio, (idio significa propio) eran los que solo se preocupaban de su bienestar y buscaban el interés privado y particular.  
Grecia estaba formada por ciudades autónomas y soberanas llamadas polis. No existía como único estado, sino como un grupo de pequeñas ciudades-estado. Allí surgió la democracia como doctrina política en la que el pueblo intervenía y participaba del gobierno. En tal punto, coincidieron en que todo asunto del Estado era asunto de los ciudadanos. Así, se distinguieron a los politikós de los idiotikós o idiotas.

Inevitablemente, después de leer esta pequeña introducción histórica, a muchos se nos viene a la mente algún que otro “idiota”, que lejos de perseguir el bien común, lo único que ha hecho en su vida es arrimarse al PESEBRE para saciar su hambre, renunciando a principios, valores e ideologías a cambio de un cierto bienestar y de una vida llena de comodidades que de otra forma nunca hubiera logrado alcanzar. Incluso  nos atreveríamos a decir que estos idiotikós, no son conscientes de su idiotez o quizás  toman también por idiota a la gente que los escucha y les habla con grandilocuencia, clamando que quieren tanto a su pueblo que desean con toda su pasión estar con él para toda la vida, si nos apuran, hasta que la muerte los separe. Son individuos que tienen tanto ego que piensan que el mundo gira a su alrededor y no dudan ni un ápice en mentir despiadadamente, aunque con ello esté  truncando las ilusiones de un electorado que confió en él y escuchó sus cantos de sirena.

Quería tanto a su pueblo que lo pedía a gritos, incluso por si quedaba algún resquicio de duda lo escribió con grandes letras “QUIERO ESTAR EN FUENTES”. Hizo lo indecible por convencer de algo que ni siquiera él mismo creía y comulgó con ruedas de molino si fue preciso. La hoja de ruta estaba más que planificada. Si no logras aquí tu objetivo, en el PESEBRE siempre tendrás un suculento “plato de lentejas”. Llamarlo plantón no sería riguroso, porque sinceramente no creemos que  se asemeje mucho a una escena romántica en la que el novio deja con cara de póker a su novia que lo espera en el altar. No se trata de un plantón porque para que fuese tal cosa, el factor sorpresa debía de haber existido y no creo que la decisión adoptada por esta persona haya cogido por sorpresa a nadie después de haber estado los últimos cuatro años cobrando la friolera de 5000€ al mes en Diputación. Comprendemos y respetamos  que aquellos que tuvieron la osadía de coger un papelito que ponía YO CON…., celebren con entusiasmo la buena nueva del dedazo de la administración autonómica. No hay mal que por bien no venga, pensarán. Quizás desde la Junta de Andalucía y ostentando un cargo tan sumamente importante, el futuro de algunos y algunas empiece a despejarse tras el nubarrón que supuso la derrota electoral.
No me quieras tanto y quiéreme bien,  será lo  que muchos de sus votantes estarán diciendo a estas horas cuando recuerdan las palabras del profeta durante la campaña electoral.

 Cada cual es libre de expresar libremente lo que piensa y por supuesto de manifestar su alegría ante una noticia como el dedazo que sitúa a ese señor como hombre fuerte de la Junta y persona de confianza de Doña Rosita Aguilar. Consejos no le faltarán, pues por todos es sabido, la habilidad que tuvo esta señora para arrimarse al PESEBRE de la mano del señor Griñán.
Nosotros somos más de  mostrar  alegría por otras situaciones. Por ejemplo cuando tras el objetivo cumplido hay un esfuerzo y una trayectoria de trabajo y compromiso por lo que uno cree. Aplaudimos  a quien tras más de un año estudiando día y noche, obtiene la plaza en unas oposiciones, a quien con miles de esfuerzos y privaciones monta un negocio y éste  le permite comer de él, a quienes emigran año tras año para sacar adelante a sus familias, a quienes de forma voluntaria colaboran desinteresadamente  en una causa justa. Alabamos  y regalamos nuestras  más sinceras felicitaciones a quienes tienen el coraje de superar una enfermedad, a quienes tienen el valor y el coraje de luchar por los trabajadores y defender sus derechos laborales, nos emociona conocer los logros de los deportistas de nuestro pueblo que desde el más absoluto silencio, van cada día dejando el nombre de Fuentes en todo lo alto, nos  enorgullece  conocer el nombre de algún joven que ha conseguido terminar sus estudios universitarios compatibilizándolos con algún que otro trabajo precario y robándole horas al día para poder sacar buenas notas y no perder la beca. Estas son las cosas que nos  hacen vibrar de alegría y nos hacen sentir orgulloso de nuestra gente.
Con esto no queremos decir que los demás tengan que hacer lo mismo que nosotros/as, pues cada uno expresa sus sentimientos como quiere y  hacia quien quiere.

 Prometer hasta la extenuación querer estar en Fuentes y a los dos meses dejar en la estacada a sus votantes es una puñalada trapera en toda regla, porque además de suponer un ejercicio de  indecencia política, pone de relieve que hay individuos capaces de cualquier cosa para escalar posiciones en su carrera política y delata que cuando hablaba de su compromiso con Fuentes mentía como un bellaco.

 El escriba del Facebook de la oposición, que tiene un excelente OJO para sacar punta a todo cuanto acontece y proviene de NIVA, ridiculiza a nuestro alcalde y a su hermano en una viñeta donde los tacha de tener un escueto currículo académico y que por ello las cosas van tan sumamente mal en nuestro pueblo.  Ataca de esta manera tan ruin y falta de ética en respuesta a las declaraciones que el alcalde Francisco Martínez  hizo respecto a la dimisión del candidato  en las que lo tachaba de incumplir su compromiso con los ciudadanos que lo votaron y con el pueblo en general. Son las lindezas que nos regala para tapar la desvergüenza de su candidato que los ha dejado con el culito al aire. Y lo peor de todo no es lo que dice, sin el transfondo ideológico clasista y elitista  que se desprende de sus palabras. Para este señor la gente que no tiene estudios universitarios es de un nivel inferior a la que sí lo tiene y por consiguiente no caben en el juego de la democracia. Es curioso que hable del currículo académico de nuestro alcalde, un miembro del PSOE, cuyo OJO clínico, no ha sido capaz de recordar que pertenece a un partido que ha tenido como ministro a un señor con la misma titulación que nuestro alcalde, es decir Bachillerato. Le perdonamos este lapsus porque entendemos que está empezando en esto y le falta madurez política para hacer análisis medianamente rigurosos. Habría que preguntarle si le parece que para ser alcalde es poco currículo y para ser ministro es demasiado. No han digerido bien las palabras emitidas por Francisco Martínez cuando en su exposición en el pleno  puso en cuestión el compromiso de su candidato con nuestro pueblo. Y es que no deja de ser curioso, comprobar como después de más de dos meses de las elecciones aún no han asimilado el resultado de las urnas, no asumen que David una vez más volvió a derrotar a Goliat.

Si la campaña que hicieron pasará a la historia por sucia y calumniosa, todo parece indicar que la oposición que harán seguirá en esa misma línea. En el último  post de Facebook insultan al alcalde llamándolo impresentable e incluso nos aconsejan que seamos malos con inteligencia, consejo que agradecemos, pero no aceptamos porque entendemos la política de otra manera más seria. Para maldades ya están otros y lo hacen divinamente.

Si somos sinceros, nos alegra enormemente  que el escriba del psoe esté últimamente tan animado en el arte de escribir y mucho más si cabe, nos entusiasma la agresividad que utiliza y los insultos que profesa a diestro y siniestro cuando intenta sin saber, hacer una mínima crítica política. Sí, nos alegra profundamente,  porque con este lenguaje agresivo que denota  tanto odio personal y tan poca cintura política, estamos convencidos de que  dentro de cuatro años nuestro pueblo sabrá elegir de nuevo lo más conveniente.  

También se equivocan cuando comparan la dimisión de este señor con la de una compañera que tuvo que dejar el acta de concejal la pasada legislatura. Suponemos que la inquina que le tienen a NIVA a veces hace que se escriban cosas sin contrastarlas previamente. A buen seguro cuando lean nuestra aclaración se percatarán de este desliz. ACLARACIÓN: Helena Rial deja concejalía porque es reclamada por una bolsa de trabajo a la que accedió tras presentarse en reiteradas ocasiones a unas oposiciones para las que  tuvo que estudiar bastante. El señor candidato dimite porque la DEDOCRACIA de la JUNTA le regala un cargo político para el que no tuvo que estudiar ni presentarse a ningún tipo de oposición cobrando 4000 € más dietas. Esperamos que la comparativa les haya servido para ilustrarlos en su confusión.
No deja de ser surrealista, tener que leer que nuestro alcalde o su hermano tienen una precaria preparación política con la trayectoria que estas dos personas llevan a sus espaldas. Pero lo más surrealista es que lo escriba alguien que  acaba de aterrizar en la política y que aún debe aprender que la política se hace con la cabeza y no con las vísceras. Esperamos y deseamos que aprenda pronto, y si no aprende, no se preocupe, siempre habrá un pesebre para una boca más.


26 de julio de 2013

LA VOZ DE LA MEMORIA

Siendo un niño, un zarpazo de la vida truncó sus ilusiones, sus esperanzas y marcó para siempre el devenir de su futuro. Una mano negra, cargada de intolerancia, odio y sinrazón, apretó con violencia y fanatismo, el gatillo que segó la vida de su padre, un hombre joven que tuvo la osadía de intentar cambiar la vida de sus vecinos ostentando un escaño de concejal en su pueblo. Un hombre bueno que nunca hizo daño a nadie, que a buen seguro, gozaría de la honestidad  y la honradez que han acompañado siempre  a Miguel hasta su último suspiro.
Sin embargo, sus ideas, sus pensamientos y sus posiciones políticas, que con toda seguridad llevaría a gala por donde iba, esos mismos  principios y valores que inculcaría con pasión desde muy temprana edad a  su  hijo Miguel,  serían  los que los que lo empujarían a la fosa de la dignidad  para siempre.
Con apenas ocho años, la edad que hoy tienen mis alumnos y alumnas, le tocó vivir uno de los episodios más escalofriantes y trágicos que un niño puede vivir. Miguel no perdió a su padre. Perder un padre debe ser un desgarro en el corazón indescriptible, que no creo que ni yo ni nadie sea capaz de expresar en negro sobre blanco, porque no existen palabras en nuestro amplio léxico castellano susceptibles de expresar ese dolor tan profundo. Repito que Miguel no perdió a su padre. Se pierde un padre,  cuando la muerte es una circunstancia de la propia naturaleza humana, a veces impredecible y caprichosa, sin dejar de ser un capítulo doloroso y cruel para nadie. Sin embargo a Miguel le asesinaron a su padre, le segaron la vida con esa guadaña de la incomprensión y la sinrazón que significó el fascismo durante esta negra página de la historia de nuestro país. Lo dejaron huérfano para siempre, le robaron lo más valioso que posee quien nada tiene, lo despojaron del cariño y el calor de un ser irremplazable para cualquier niño y con toda seguridad, las  emociones  y el sufrimiento que padeció durante toda su vida, muy poco o nada tuvo que ver con la pérdida de un padre por razones de otra índole.
Apoyado sobre un bastón, con el andar cansino del desgaste de los años, fueron muchas las ocasiones en las  que tuve la oportunidad de acompañarlo hasta el cementerio, con motivo de la efemérides de la II República. A pesar de sus años y de los achaques propios de un octogenario, Miguel gozaba de una lucidez y una memoria digna de admirar. Me repetía una y mil veces que mientras tuviera un mínimo de aliento y sus piernas se lo permitieran, honraría con su presencia la fosa de los mártires por la libertad, y acompañaría esa bonita bandera tricolor que tanto representó para su padre.
Con rostro serio y mirada cargada de indignación a pesar de los años transcurridos desde aquel fatídico día en que ya nada volvería a ser como antes,   Miguel me relataba durante la marcha, con paso lento pero firme, el episodio más triste de su vida con la misma emoción de quien acaba de perder recientemente a un ser querido.
Cada 14 de abril, se convertía para él en una oportunidad para rendir tributo a quien no pudo disfrutar del tesoro más preciado que es la vida, para dejar constancia, que nunca el tiempo podría borrar el dolor que le habían causado y sobre todo, para contar a su pueblo, a los jóvenes principalmente, la tragedia que supuso para nuestro país aquel alzamiento militar del 36.
Una vez escuchado el himno y entonado ese bonito lema de ¡viva la república!, Miguel regresaba a casa satisfecho y orgulloso por haber podido estar un año más cerca de su padre. Sabía que era un día especial y que muy pocas veces en el año, podía sentir tan de cerca la presencia de ese hombre, sencillo y bueno, del que no pudo disfrutar todo lo que hubiera merecido.
En alguna ocasión, lo llevé en mi coche de vuelta a casa. Su cara había cambiado por completo. Sus labios delataban una sonrisa cómplice con la verdad, con la historia, con el deber cumplido y con la memoria colectiva de un pueblo, que sufrió como ningún otro la sinrazón del fascismo.
Desde entonces, cuando escucho a alguien hablar de que recuperar la memoria histórica supone reabrir heridas del pasado que ya están cicatrizadas, me acuerdo de Miguel y de todas aquellas personas que de alguna forma han sido víctimas de esa cruenta guerra civil y les contesto diciéndoles que no se pueden reabrir heridas que nunca antes fueron cerradas. Me acuerdo de esos ojos llenos de rabia contenida y tristeza de alguien que, durante años, no pudo llorar a su padre, porque desconocía su paradero. Y me siento orgulloso de mi pueblo, de ese grupo de personas que fueron capaces de organizarse en torno a un objetivo común como era la recuperación de la memoria histórica de Fuentes, dejando al  margen cualquier tipo de discrepancia ideológica.
Miguel no fue una persona excesivamente activa en política,  aunque siempre se definió como un hombre de izquierdas y socialista como los de antes. Sin embargo su legado, su historia personal y su compromiso con la recuperación de la memoria histórica fontaniega, siempre estarán presentes en nuestro pueblo.
A finales de junio, en el parque “Luchadores por la libertad”, situado en el antiguo cementerio, se inauguró un hermoso monumento en honor a las mujeres del Aguaucho, otro de los episodios más negros de la historia de nuestra localidad .Ese día, Miguel ya no se encontraba entre nosotros, su deseo de ver colocado ese símbolo de la memoria, de la justicia y la dignidad, no pudo verse cumplido. El destino le privó del gozo que hubiera supuesto para él, ver como se materializaba uno de los objetivos por los que había luchado durante años desde la comisión. A pesar de todo, cuando cualquiera de sus paisanos y paisanas pasee por ese parque y contemple esa bella escultura, cuando respire ese aire de paz y bondad inconfundible que solo allí se puedo vivenciar, escuchará la voz de la memoria de un hombre bueno que durante toda su vida luchó para que  este pueblo no olvidara a su padre ni a los que murieron como él.
(A la memoria de Miguel Villarino, un hombre bueno y sencillo, una voz de la memoria)       

11 de marzo de 2013

HÉROES ANÓNIMOS


Hace tiempo que vengo observando cómo la gente hace uso de su palabra de una manera realmente gratuita e inconsciente, abogando en todo momento que lo que dice o escribe, lo puede decir o escribir porque el derecho a la libertad de expresión se lo permite y principalmente porque ese derecho fundamental debe presidir todo país que se precie de tener una democracia mínimamente consolidada. Hace tiempo que vengo observando, escuchando y reflexionando sobre las opiniones y manifestaciones que sobre cuestiones políticas (teniendo en cuenta que política es todo), vierten mis compañeros/as, amigos/as y todo aquel ciudadano o ciudadana que de alguna manera conforman mi espacio vital.
Mi curiosidad o quizás mis ansias de buscar una respuesta a lo que acontece a mi alrededor, e intentar situarme en una perspectiva de reflexión constructiva, que me haga sentirme vivo e independiente, y no marioneta de ningún sistema o partido que me convierta en un número, anulando mi condición de ser pensante, me han llevado a concluir que la inmensa mayoría de los que creen o entienden que cuando hablan, escriben o se expresan en cualquiera de los medios existentes, no lo hacen desde una posición independiente e individual , sino que  son simples reproductores de los mensajes que el sistema se encarga de inocularnos a diario. Por lo tanto, no son ellos ni ellas quienes opinan o se expresan, sino que es el propio sistema el que está hablando en boca de todos y todas.
Digamos que llevamos ya bastantes años, siendo abducidos por los medios de comunicación, que cada día nos bombardean con la información que al sistema le interesa que cale como una lluvia fina en nuestra sociedad, para convertirnos en el rebaño dócil y obediente, que les allane el camino para acometer sus tropelías y sus excesos con la naturalidad de quien hace algo completamente lícito y dentro de los parámetros democráticos que nos amparan. Pues bien, ese rebaño dócil, sumiso, abnegado y obediente cuando habla y opina, haciendo un ejercicio de ciudadano libre en un país plenamente democrático, lo que está haciendo realmente, es una defensa de los intereses de quienes les están condenando al abismo más absoluto.
Sin embargo, quienes optan por desobedecer los designios y propósitos de éstos, y escogen argumentos que cuestionan el pensamiento único que las cajas tontas de nuestros salones o esos papeles impresos mal llamados prensa informativa, son tachados automáticamente y sin derecho a réplica alguna, como ciudadanos antisistema, en el más estricto sentido peyorativo que esta subversiva palabra encierra.
Cuando oí por primera vez ese vocablo en los distintos medios de desinformación de este país, que suelen ser la mayoría, observé que se refería a un grupo de gente con un perfil determinado: generalmente chicos y chicas jóvenes, rebeldes, con posiciones ideológicas de izquierdas, de ropa y atuendos de lo más variopinto y por regla general, con el cabello descuidado y el cuerpo tatuado con algún que otro símbolo con el que se identificaban.

La verdad sea dicha, jamás he sido una persona anti-nada y siempre he hecho gala de un comportamiento  extremadamente tolerante, dando  muestras de una paciencia infinita en más de una ocasión en la que he escuchado comentarios y opiniones que podrían estar en las antípodas de mis pensamientos y posiciones ideológicas. Según las televisiones del maravilloso país de los casi seis millones de parados, ser antisistema es poco más que una deshonra nacional, una vergüenza que perjudica nuestra nación y transmite una imagen poco conveniente al exterior.
Teniendo en cuenta la “objetividad y transparencia” del pensamiento monocorde de los medios de comunicación, no sé por qué, pero desde hace un tiempo,empiezan a caerme en gracia estos antisistema.
Y es que si me pongo a observar detenidamente lo que hacen, no encuentro ni un solo motivo para criminalizarlos, todo lo contrario, encuentro infinitas razones para convertirme en uno de ellos. Los hay de todas las edades y profesiones, está por todas partes y hay algo que los convierte en héroes: la razón que en todo momento les acompaña y el valor para defenderla. Aunque algunos y algunas se empeñen en convertirlos en enemigos de nuestra sociedad, estoy convencido de que con los tiempos que corren no hay mejor amistad que aquella capaz de defender lo que tu cobardía te impide.
Son gente anónima en su mayoría, cuyas historias y vidas son tan parecidas a la tuya que seguramente, a poco que hables dos palabras con ellos o ellas, enseguida te darás cuenta  de que lo que te contaron en ese aparato que preside tu salón y que tanta compañía te hace (y al mismo tiempo, tanto daño a tu conciencia), era una mentira más de este contador de historias llamado sistema, que nos educa para no pensar y que nos convierte en meros reproductores de un mensaje que solo interesa a unos cuántos, pero que perjudica enormemente a la gente normal, que somos la mayoría.
Se rebelan contra las injusticias cometidas contra los ciudadanos de este país, participan en las mareas verdes, blancas, negras  y de todos los colores del arcoíris, se oponen a que una familia ,con o sin hijos sea expulsada de su casa, protestan contra la galopante privatización de la sanidad y la educación pública, alzan su voz contra el preocupante estado de salud  de nuestra joven democracia, gritan de dolor cada vez que un desahuciado decide poner fin a su calvario, señalan con el dedo y ponen nombre y apellidos a los culpables de esta macabra historia para no dormir, que llamamos crisis, ponen el grito en el cielo cuando se les niega la sanidad a los desheredados de este mundo que llegaron en patera buscando la dignidad y lo mejor de todo, es que lo hacen sin complejos, con la cara descubierta, como los valientes que saben que las páginas de la historia de este país , algún día, se acordarán de lo que hicieron.


Tengo un hermano en paro desde hace tiempo, su desesperación me desespera y el futuro que le puede deparar a mis dos sobrinos me acongoja y estremece. Cada día voy a visitarlo y cada día soy más antisistema, me duele lo que veo, me duele lo que escucho. Me niego a ser  espectador de esta tragicomedia, me niego a pensar que las cosas son así porque no pueden ser de otra manera, me niego a escuchar opiniones desde la ignorancia que da el desconocimiento de la realidad y me niego a que no me dejen pensar por mi mismo.
Mentiras y mentiras repetidas una y mil veces hasta convertirlas en verdad, miente mucho que algo quedará. Es la estrategia que siguen y les está dando resultado. Pero, contra los héroes no podrán, nunca pudieron y esta vez tampoco lo conseguirán.
Sí, tengo un hermano, que lo está pasando mal, sueña con otro sistema más justo y de rostro humano que le permita ver un horizonte de esperanza para sus dos pequeños. Seguramente tiene miedo, incertidumbre, y hace tiempo que dejo de ver las mentiras que vomitaban algunos en las distintas televisiones. Es un antisistema, como yo, un héroe, y me siento muy orgulloso de él. 

15 de abril de 2012

HASTA SIEMPRE COLEGA

Hace semanas que no escribo nada. Quizás, mi estado de ánimo por un lado y la falta de tiempo, hayan propiciado esta retirada momentánea de mi particular taller de las palabras. Sin embargo hoy me veo obligado a retomar mi senda, a rescatar mi pluma polvorienta y olvidada desde hace más de un mes, para dedicar unas palabras de recuerdo emotivo a quien se fue para siempre, dejando una huella imborrable en mi memoria. Se ha ido como él siempre hubiera  deseado, rodeado de todos sus hijos e hijas, nietos y nietas y como no, acompañado hasta el último aliento del amor de su vida, su señora Ana, con la que tuvo la fortuna de disfrutar y compartir la friolera de más de 60 años de su vida.
Se fue antes de lo esperado. Por sorpresa quizás, para quienes desde la distancia conservábamos  de él una imagen de alguien que a pesar de sus años, gozaba de una salud manifiestamente mejorable, pero nunca para imaginar que nos pudiera dejar tan inesperadamente. Y es que el final de la vida de un ser querido, nunca es algo para lo que estamos preparados, y por muchos años que la persona tenga, siempre desearemos que ese trágico momento se produzca cuanto más tarde mejor, y si fuese posible, que nunca se produjese. Pero todo llega en esta vida, y su final ha llegado. Tras de sí deja toda una larga historia de vicisitudes de alguien que un día tuvo que dejar su pueblo para emigrar a Barcelona en busca de un sueño que nuestra tierra le negaba. Fue  uno más de los millones de emigrantes, que tristemente abandonaron sus raíces, sus costumbres, su cultura y su gente, para intentar vivir con la dignidad que toda persona merece. Se fue, como tantos otros, con la ilusión de hacer fortuna y poder regresar cuanto antes a su entrañable y querido pueblo que lo vio nacer. Sin embargo, el destino que a veces es imprevisible, se encargó de que sus hijos e hijas, se convirtieran en el principal obstáculo que le impediría volver a su tierra como se propuso aquel día cuando, maleta de cartón en mano, subió a ese tren de la esperanza para tantos y tantos andaluces, que con lágrimas en los ojos y el alma despojada, anhelaban hacer realidad el sueño de un futuro mejor para sus hijos e hijas.
Su vida entera estaba allí, y aunque una parte de su corazón permanentemente recordaba nuestro pueblo, las circunstancias personales y familiares, hicieron imposible que pudiera regresar de nuevo a nuestra tierra. Ni él ni su señora, hubieran soportado distanciarse de su tesoro más preciado, sus hijos y nietos, por muchas ganas que tuviesen de terminar sus días en la tierra que los vio nacer.
En noviembre del año pasado, aprovechando el puente de todos los santos, fui a visitar a mi gran amigo Pablo que desde hace unos seis meses, hace vida en Badalona junto a una chica encantadora llamada Montse. Aprovechando mi estancia allí, fui a visitar a mi tío Juanito y a mi tía Chacha, como la solemos nombrar en el seno de mi familia. Quizás, mi visita fue premonitoria de lo que meses después iba a suceder. Quizás el destino quiso que me despidiera de él, o quizás simplemente fue una casualidad más de las que se suelen dar en el trascurso de la historia personal de cada uno. Pero de todas formas me alegro de poder haber compartido con él las que serían mis últimas palabras, de reírme con sus ocurrencias y de haber escuchado sus últimas anécdotas de su etapa en ese camping donde trabajó durante muchos años como encargado y en el que crío a todos sus hijos e hijas con bastante solvencia y sin que a ninguno le faltase de nada, como solía presumir cuando me lo contaba, ante la atenta mirada de mi tía Chacha que no perdía detalle de la conversación.
Desde que tengo uso de razón, siempre lo he conocido pegado a un transistor escuchando el carrusel deportivo en el que seguía con pasión los resultados de los partidos de fútbol que daban los fines de semana. Y no porque fuese un fanático de este deporte, sino porque era un enamorado de las quinielas desde que era un chaval. La suerte le sonrió en alguna ocasión, según me refirió alguna vez, pero haciendo balance de todos los años que llevaba jugando, concluía que podía decirse que lo comido por lo servido. Más de una vez lo recuerdo lamentándose por haber confiado en su Betis, y es que según solía contarme en tono burlón, si no hubiese sido bético podría haber sido millonario hace muchos años.
 No necesitaba demasiado para ser feliz, porque su vida junto a su esposa e hijos, lo colmaban de felicidad absoluta. Era pequeño de cuerpo pero grande de corazón. Consiguió ser un grandísimo padre y fue mientras estuvo un magnífico abuelo. Como tío, sobran las palabras, porque el hecho de que hoy le este rindiendo este sincero homenaje lo dice todo sobre lo que significó para mí y con total seguridad, para todos sus sobrinos y sobrinas.
Y como esposo, a juzgar por el vacío que ha dejado en el alma de mi tía, con toda seguridad fue el caballero perfecto en cualquier cuento de hadas. Se fue con la sencillez que vivió toda su vida, sin hacer mucho ruido porque, como alguien me dijo alguna vez, hay que saber irse de los sitios y él que era un pozo de sabiduría, supo irse sin molestar demasiado.
Para terminar voy a utilizar una palabra que él empleaba muy a menudo conmigo cada vez que hablábamos y nos despedíamos. Porque además de mi tío, era un amigo y eso no tiene precio. Hasta siempre colega. Un fuerte abrazo allá donde estés.

3 de febrero de 2012

A RIO REVUELTO , GANANCIA DE PESCADORES.

La vida es una constante toma de decisiones. A veces acertamos, pero en otras muchas ocasiones solemos lamentarnos de haber escogido el camino equivocado y de haber hecho oídos sordos a tanta gente que nos alertaba del fracaso inminente de nuestra decisión. Sin embargo, en todo momento debemos ser consecuentes de nuestros hechos y asumir la responsabilidad de lo que hacemos,  aunque ello, nos haga daño por el camino. Y es que hay decisiones y decisiones.
Por un lado están aquellas que de alguna u otra forma han sido tomadas con la cabeza, de manera fría y calculadora. Por otro lado están aquellas que son adoptadas con el corazón, con las emociones y los instintos más básicos que como seres humanos poseemos.
A lo largo de mi vida he tenido que afrontar momentos en los que he tenido que elegir entre caminos opuestos. En alguna que otra ocasión, entre caminos paralelos, y muy rara vez tuve que decidirme por cuestiones de índole material. Pero hay decisiones que te marcan por encima de cualquier otra.
Son las decisiones que tienen que ver con los principios y valores. Hace un tiempo, me vi en la encrucijada de ser feliz o por el contrario esclavo y súbdito de un pensamiento único, hermético y sectario. Como pueden imaginar opté por la primera opción, a sabiendas de que se pondrían en duda mis principios, valores y sobre todo mi  ética personal y política.
Sin embargo,  a día de hoy, puedo  mirar atrás con la convicción más absoluta de que acerté de pleno, al tomar aquella decisión que por aquel entonces me supuso un grave dilema moral y que con la perspectiva que da el tiempo, puedo afirmar que ha sido una de las decisiones más inteligentes que he tomado hasta el momento.
Vivimos tiempos difíciles, yermos de valores y presididos por el interés más individualista y egoísta que nunca hubo en otra etapa de nuestra historia. Las circunstancias que hoy siembran de desolación y paro nuestra tierra, hacen que el futuro sea  poco halagüeño y desesperante para mucha gente en nuestro país y verdaderamente crítico para los andaluces y andaluzas, donde el drama del desempleo  azota sin piedad a más de un millón de padres de familia.
Volvemos a ver imágenes, más propias de aquellos televisores en blanco y negro de antaño que de una sociedad que presume de modernidad en los albores del siglo XXI. Grupos de parados se concentran en las plazas de los pueblos, a la espera de que algún empresario bondadoso tenga la gentileza de ofrecerle la posibilidad de ganar un sueldo medianamente digno que llevar a su casa.
Volvemos a presenciar asambleas de parados que ciertamente organizados reivindican su derecho al trabajo digno, y un reparto equitativo y justo del empleo. Y lo hacen movidos por la urgencia y la necesidad de quienes se ven impotentes ante una situación desconocida para muchos hasta ahora.
Se manifiestan en su legítimo derecho de pedir lo que a todas luces debería estar garantizado por ley: un trabajo digno, que permita cubrir con cierta decencia  las necesidades básicas de cualquier ser humano. Es loable lo que hacen y por ello merecen mi mayor respeto y solidaridad.
Sin embargo, como suele ocurrir y ha ocurrido siempre, “a río  revuelto, ganancia de pescadores”. Aquello que es un acto de rebeldía, que se presupone un movimiento espontáneo de trabajadores y una reivindicación social ajena a cualquier partido político o sindicato, rápidamente es aprovechada por quienes entienden que hay un interesante cardo de cultivo para su lucimiento personal, egocéntrico y para alcanzar esos minutos de gloria que lo enaltezcan y le otorguen el protagonismo que en otras facetas de su vida no logró alcanzar.
Se erigen como líderes o mesías salvadores de la masa social, arengando a la gente y utilizando su necesidad y desesperación para linchar a quienes son señalados por el redentor con el dedo acusador de quien alimenta sus miserias con el daño a los demás. Ya no importa nada, ni siquiera el por qué comenzó todo, ahora el objetivo es otro muy distinto. Ahora, la reivindicación del trabajo pasa a un segundo plano para el líder, su objetivo es otro muy distinto.
Ahora tiene un ejército a su disposición,  un ejército de trabajadores que cegados por la desesperación y la incertidumbre que provoca el paro de larga duración, son fieles soldados que obedecerán las directrices de su líder, cicateras y engañosas, pero  al mismo tiempo seductoras y atractivas, si tenemos en cuenta que el trabajo aparece siempre, como fin último de la guerra de guerrillas que ha iniciado.
Vende humo a diestro y siniestro, pero en su afán de destruir al enemigo, no se para a pensar que puede estar jugando con muchos padres de familia que han puesto sus esperanzas en él. No importan los medios, ni los daños colaterales. Lo importante para el líder es acabar con quien siempre le ganó el pulso político.
Imágenes que habían desaparecido de nuestro paisaje rural, regresan para recordarnos que aquellos que predicaban que el bienestar social había llegado para quedarse para siempre, faltaban a la verdad. Para recordarnos que la lucha de clases sigue más vigente que nunca, y que por lo tanto no puede ser tratada como un término obsoleto. Y para recordarme, que  acerté plenamente, cuando opté por dejar de ser súbdito de salvadores de patrias.

11 de enero de 2012

DALE UN PLÁTANO A TU MONO

En más de una ocasión todos y todas, en algún momento  de nuestras vidas hemos actuado con cólera e indignación cuando nos han  sacado de nuestras casillas. Unas veces, quizás por la impotencia que supone el vivir determinadas situaciones que a todas luces son injustas  y desproporcionadas,  otras por no ser comprendidos en el grado que nos hubiera gustado. En cualquier caso, bien por un motivo o por otro, todo el mundo ha actuado alguna vez de una forma inapropiada o ha dicho o hecho algo de lo que a posteriori, con toda seguridad se ha arrepentido.
¿Quién no conoce a personas normales y pacíficas que conduciendo un coche, en un partido de fútbol, en una discusión con su pareja  o en una reunión de amigos se transforma y nos enseña una cara que desconocíamos hasta ese instante? Luego nos arrepentimos como he dicho antes por lo que hemos dicho o hecho y  reconocemos que nos hemos pasado tres pueblos. Pero ¿por qué actuamos así? ¿Por qué nos comportamos así si no somos de esta manera? Yo mismo, en alguna que otra circunstancia en la que me he sentido acorralado o atacado en mi orgullo, he manifestado una actitud más que reprobable, y no me duelen prendas en reconocerlo. Pues mirad, según  han podido averiguar los profesionales de la psicología y la neurología, todas las personas llevamos un “mono” dentro  que representa nuestros instintos más básicos y que la mayoría de las veces no podemos controlar. Al parecer esto suele ocurrir porque ante un suceso, el primer lugar de nuestro cerebro al que llega la información es la amígdala del cerebro límbico o emocional, que actúa de 80 a 100 veces más rápido que nuestro cerebro cortical o racional.  Lo que quiere decir que sentimos mucho antes que pensamos. Entonces, lo que deberíamos hacer es darle un plátano a nuestro “mono” cuando aparezca, es decir, contar hasta diez o hasta 100, o esperar al día siguiente para dar tiempo a que la información  llegue al cerebro racional, y la respuesta no la dé nuestro” mono “sino nosotros mismos con la cabeza fría y la sensatez que se presupone a una persona mínimamente equilibrada psicológicamente.
Por eso los profesionales suelen aconsejar que nos preguntemos: “¿Es esto tan importante para la que estoy liando? ¿Está justificado lo que voy a hacer o decir? ¿Podría existir otra solución que evite la crispación? ¿Cómo me voy a sentir si procedo de esta manera?
Quizás hacer esto  y llevar a la práctica este tipo de estrategias, para algunos parecerá una nimiedad o ridiculez propia de patrones de conductas guiados por gente que se dedica a comer el coco a quienes buscan mejorar como personas. Sin embargo, no imagina esa gente como cambiaría la historia de la convivencia humana, si fuésemos capaces de tener un cierto autocontrol con nosotros mismos y la capacidad de mantener entretenido cuanto más tiempo posible, a ese “mono” que está deseoso permanentemente de ser protagonista de cada una de nuestras acciones y movimientos. Así que recordad, a partir de ahora démosle un plátano a ese primate.

30 de diciembre de 2011

EL FORO DE LA VERGÜENZA

Hace cuarenta años lanzar octavillas por las calles, de noche y a escondidas era un acto de valentía y de arrojo. Te ju­gabas la libertad personal y, en muchas ocasiones, la vida. Hoy criticar enmas­carado y bajo el anonimato para destruir, para dañar, es un acto de verdadera cobardía. Porque insultar, mentir y manipular sin dar la cara y escondido bajo el matorral es simple y llana­mente un acto de sinver­gonzonería detestable. La proliferación de espacios en internet donde cada cual y cada quien pueda expresar lo que  piensa y opina no deja de ser un avance en la libertad de expresión. Pero esta liber­tad de expresión también tiene unas líneas rojas que las separa de la libertad de dañar impunemente. Los llamados “foros-ciudad” donde toda persona puede escribir sin control ni lími­tes sobre cualquier asunto y sobre cualquier persona es una peligrosa contribu­ción al “fascismo dialécti­co”. Se dicen demócratas pero no lo son. Se dicen defensores de la pluralidad pero persiguen hasta el lí­mite al que piensa distinto. Se dicen de izquierdas y se reflejan en las aguas de los charcos fascistas. Todos los que tengamos un mínimo sentido democrático de­beríamos estar llamados a combatir este tipo de foros y a este tipo de personajes que tanto daño causan a las personas y a la demo­cracia. Se permiten el pla­cer de mentir, de insultar, de acusar, de manipular… Se permiten regocijarse en el gusto que les da la tran­quilidad de que nadie sabe quiénes son. Sueltan sus vómitos y sus odios sobre un teclado de ordenador y pretenden mancharnos a todos con sus resenti­mientos y sus cuentas mal resueltas. Así siguen día tras día… hasta que al­guien harto de estar harto, cansado de zafiedades, de ataques a la dignidad y de insultos, quiso defenderse y al mismo tiempo defen­dernos a todos. Interpuso denuncia ante la Guardia Civil y ahora ya conoce el rostro y la cara de quienes tanto daño gratuito le han causado a él y a su entor­no. Personas muy vincula­das con partidos políticos de nuestro pueblo han in­sultado gravemente bajo el anonimato que creían les daba el brillo de una pan­talla de ordenador conec­tado con el mundo. Y los han pillado. Han mentido y han injuriado sin dar la cara, como los “valientes”. Simplemente vergonzoso. ¿Con qué cara elevaran sus ojos hacia quien insultaron tan gravemente? ¿Con qué mirada alzarán a partir de ahora su cara hacia los fon­taniegos? Animamos a no leer bazofias y escupitajos de esos valientes soldados anónimos de la democra­cia y a combatir esos es­pacios de ciénagas en que se han convertido los de­nominados ”foros-ciudad”. No es tolerable que la in­decencia domine sobre la libertad de expresión. Hace cuarenta años esos actos de rebeldía y de crítica al sistema desde el anonima­to eran valorados por la sociedad como propios de audaces y valientes y ayu­daron a traernos la demo­cracia. Hoy estos actos que describimos son propios de cobardes y encogidos cíni­cos y únicamente ayudan a destruir la democracia y la convivencia.

26 de diciembre de 2011

Lo más pedido a los Reyes Magos.

Es obvio, incluso para el más ignorante de este país, que la pobreza en nuestro país aumenta a pasos agigantados. Y no parece que nadie sea capaz de detener esta pérdida de poder adquisitivo que miles de familias estamos padeciendo con resignación contenida, a sabiendas de que unos pocos, está incrementando sus cuentas corrientes de una manera descomunal, a costa del sufrimiento de millones de familias. Sí, miles de familias  que se encuentran por debajo del umbral de la pobreza, en condiciones muy similares a las que se pudo vivir en la España prebélica, como se atreven a escribir algunos prestigiosos economistas en algunos medios de comunicación alternativos, que alzan su voz contra lo que consideran un atropello a las clases populares .
Hace algunos años, no demasiados, empezamos a escuchar y leer en las televisiones y en los periódicos de tirada nacional, un término que hasta entonces era desconocido para muchos. Se acuñó el novedoso término "mileurista". En sus albores, este neologismo  conllevaba un matiz peyorativo e incluso despectivo, pues era irremisiblemente asociado a un trabajo de poca calidad y a sueldo escaso.
Sin embargo, a los pocos años de su nacimiento, el referido vocablo se ha tornado en sinónimo de sueldo digno, y de salario "deseado y ansiado" por millones de personas que sufren la lacra  del paro , y que ven en  esos  mil euros  que supone el mileurismo, la esperanza de una cierta calidad de vida en los tiempos que vivimos. Lo que antes no interesaba a nadie y era visto como un ataque a la dignidad del trabajador, hoy es la esperanza de quienes, desesperados por la ineptitud de los gobernantes, esperan un trabajo, como agua de mayo. Muy posiblemente, si pudiésemos leer las cartas que han recibido estas navidades los Reyes Magos, en muchas de ellas, con toda seguridad aparecerá la petición de un trabajo de mileurista que devuelva la ilusión, a quienes hace muy poco tiempo, vivían en un bienestar virtual.  Sirva este simple ejemplo para comprobar la velocidad de nuestro empobrecimiento.

19 de diciembre de 2011

ESTAMPAS DE MI INFANCIA

El trabajar con niños y niñas te hace retroceder constantemente a tu infancia, rescatar de tu memoria miles de recuerdos, que aún con el paso del tiempo permanecen intactos, como si de una fotografía que guardas en el álbum de tu vida, se tratase. Y cuando desando el tiempo, inevitablemente no puedo dejar de sentir ese aire de nostalgia, al recordar aquellas personas que ya no están aquí. Pero sin embargo, he de reconocer que nunca he sido más feliz que en mi niñez. Quizás porque no existían responsabilidades, ni preocupaciones, ni agobios, ni prisas, ni desamores, ni desengaños, ni maldades y sobre todo, porque el tiempo parecía ir mucho más despacio que ahora.
Y por encima de todas las cosas, porque la ilusión, ese sentimiento que nos mantiene vivos y nos alienta a seguir cada día nuestro camino, está permanentemente presente en la edad pueril. Esa ilusión, que tantas veces solemos perder cuando somos adultos, por cuestiones banales e insignificantes, es un bastión infranqueable en esas edades y motivo de envidia cuando solemos ir cumpliendo primaveras.
Mi infancia es un cúmulo de recuerdos desordenados en el tiempo, un batiburrillo de imágenes que me empeño en no olvidar porque son parte de mi historia personal más indeleble. Mi infancia es  el recuerdo de mi barrio “la Rana”, de mi escuela Santa Teresa, de un maestro rengo con el que no aprendíamos nada de francés, pero con el que nos reíamos una barbaridad. Mi infancia es el recuerdo sonoro de un balón que bota en mi ventana, anunciándome que vienen a recogerme para jugar el partido diario con apuesta incluida en nuestra era junto al Calvario, ese lugar inhóspito y agreste, pero que convertíamos en el mejor campo de fútbol ,con solo cuatros palos y un pequeño saco de yeso.
Mi infancia es recuerdo de tristes despedidas de un autocar que rumbo a Francia se llevaba todos los otoños a mis padres, en busca de un trabajo que les negaba esta Andalucía subdesarrollada. Mi infancia son recuerdos de voces y chillidos de un grupo de chavales que corretean las calles de mi querido barrio jugando a ese juego que llamábamos “el carabinero”, y que nunca llegué a entender.
Mi infancia es el recuerdo de partidos de béisbol con palos y pelotas de tenis, en el incipiente paseíto San Fernando que por aquellos años empezaba a construirse. Son recuerdos de hamburguesas en el bar de mi amigo Pepe, que con la paga que mi madre me daba los domingos, a duras penas, alcanzaba para poderla acompañar de un refresco.
Son recuerdos de un viejo borrico, al que solía premiar con mendrugos de pan que hurtaba de la cocina de mi casa, mientras los barrenderos descansaban y echaban el cigarro de turno conversando con ese anciano que sentado en una silla de enea no faltaba a su cita diaria con los primeros rayos de sol de la mañana.
Son recuerdos de noches en vela por la ilusión que despertaba en mí la llegada de tres  señores que venían de Oriente y que solían traerme algún que otro regalo el día de Reyes. Son recuerdos de tertulias de vecindad en las puertas de las casas, esperando que el infernal verano de nuestra campiña sevillana, se dejara caer con una poquita de brisa, que hiciese la noche más llevadera.
Mi infancia son recuerdos del cortejo que, mis vecinas más mayores, recibían por parte de algunos chicos que rondaban las esquinas de mi calle con motos de grandes guardabarros y ruidosos tuboescapes, con las que intentaban impresionarlas.
Mi infancia son recuerdos de frustración por no conseguir ese cromo que me hubiera hecho posible completar mi álbum y recibir el correspondiente regalo que durante meses se había convertido en mi obsesión.
Mi infancia es el recuerdo de mi abuela vendiendo la leche que laboriosamente había extraído de unas cuantas vacas suizas que llegaron al pueblo en un enorme camión con una matrícula de color distinto a las que estaba acostumbrado a ver hasta entonces. Y el recuerdo de un precioso jazmín situado en un gran corral, que antaño sirvió como cuadra para el ganado, y cuya fragancia envolvía el salón donde mi abuela se disponía cada atardecer a la venta de esa leche natural y fresca que la vecindad compraba con el convencimiento de que se trataba de un producto de calidad.
Recuerdo la montaña, un cerro de mediana elevación situado frente a la antigua vía del tren y que hoy es el espacio donde se ubica el  barrio San Fernando. Una montaña que se convirtió durante años en la mayor atracción para todos y todas los niños y niñas del barrio la Rana, por cuya ladera nos deslizábamos cual de un tobogán se tratase, utilizando para ello cualquier objeto de superficie plana que nos permitiera descender, sin mancharnos demasiado la ropa porque además de recibir la oportuna regañina de nuestra madre, era la ropa que debíamos llevar en muchas ocasiones al día siguiente a la escuela.
Mi infancia es el recuerdo de una cantinela que los más mayores solían pregonar a coro cuando íbamos a catequesis porque nos tocaba prepararnos para la primera comunión, y que venía a decir algo así como: ¡A las monjitas, a las monjitas!
A decir verdad, no me hacía ni “gotita gracia” tener que escuchar esa cancioncilla, por una parte porque me parecía ridícula y repetitiva y por otra parte, porque en el fondo, me caían simpáticas las monjas que me instruían para la ocasión.
Mi infancia es el recuerdo de un hormigueo que me recorrió el cuerpo de arriba abajo por primera vez en la vida y que supuso el encuentro con la primera niña que me hizo sentir algo distinto al resto de niñas de la clase. No sé si llamarlo amor, porque a esas edades, supongo que ese sentimiento hacia el sexo opuesto, es algo inusual. No obstante recuerdo, que esa niña nueva, que llegaba a la  Escuela Hogar que por entonces existía en mi pueblo, era la chica más bonita que jamás había visto nunca y despertó en mi un interés fuera de lo común.
Pues sí, mi infancia fue bonita y feliz. Sin tener mucho, mis padres hicieron que me sintiese el niño más rico del mundo, porque lo poco que me podían dar, lo hacían con tanto cariño y abnegación que lo disfrutaba doblemente. Tuve la suerte de que el destino me pusiera en las mejores manos posibles, unos padres que me han servido de ejemplo toda la vida y aún lo siguen haciendo. Y sí, hoy cuando ya tengo la friolera de treinta y cinco años, echo la vista atrás y puedo decir con la mayor satisfacción , que mi infancia es el recuerdo de un niño muy feliz.