Es obvio, incluso para el más ignorante de este país, que la pobreza en nuestro país aumenta a pasos agigantados. Y no parece que nadie sea capaz de detener esta pérdida de poder adquisitivo que miles de familias estamos padeciendo con resignación contenida, a sabiendas de que unos pocos, está incrementando sus cuentas corrientes de una manera descomunal, a costa del sufrimiento de millones de familias. Sí, miles de familias que se encuentran por debajo del umbral de la pobreza, en condiciones muy similares a las que se pudo vivir en la España prebélica, como se atreven a escribir algunos prestigiosos economistas en algunos medios de comunicación alternativos, que alzan su voz contra lo que consideran un atropello a las clases populares .
Hace algunos años, no demasiados, empezamos a escuchar y leer en las televisiones y en los periódicos de tirada nacional, un término que hasta entonces era desconocido para muchos. Se acuñó el novedoso término "mileurista". En sus albores, este neologismo conllevaba un matiz peyorativo e incluso despectivo, pues era irremisiblemente asociado a un trabajo de poca calidad y a sueldo escaso.
Sin embargo, a los pocos años de su nacimiento, el referido vocablo se ha tornado en sinónimo de sueldo digno, y de salario "deseado y ansiado" por millones de personas que sufren la lacra del paro , y que ven en esos mil euros que supone el mileurismo, la esperanza de una cierta calidad de vida en los tiempos que vivimos. Lo que antes no interesaba a nadie y era visto como un ataque a la dignidad del trabajador, hoy es la esperanza de quienes, desesperados por la ineptitud de los gobernantes, esperan un trabajo, como agua de mayo. Muy posiblemente, si pudiésemos leer las cartas que han recibido estas navidades los Reyes Magos, en muchas de ellas, con toda seguridad aparecerá la petición de un trabajo de mileurista que devuelva la ilusión, a quienes hace muy poco tiempo, vivían en un bienestar virtual. Sirva este simple ejemplo para comprobar la velocidad de nuestro empobrecimiento.