22 de octubre de 2011

MADERA DE HÉROE

Es pequeño, menudo, enjuto de carnes y con una mirada preñada de tristeza, melancolía y desilusión. Tan solo tiene 8 años, pero sus vivencias en un contexto familiar inadecuado, han hecho que madure más deprisa de lo que le corresponde. Adolece del afecto y el cariño que otros niños y niñas han tenido la suerte de disfrutar desde que nacieron. Es cariñoso como ninguno, tiene ansias por aprender y hacer las cosas que hacen sus compañeros y compañeras sin ningún tipo de ayuda. Pero es consciente de sus limitaciones y se siente inferior, le embarga la tristeza  y con frecuencia rompe a llorar al mismo tiempo que expresa su impotencia y da rienda suelta a sus más hondos sentimientos de frustración por no ser como la mayoría de compañeros y compañeras de pupitre. En ocasiones no trae desayuno, pero su dignidad le prohíbe decírmelo para que ni yo ni nadie se  adolezca de él. Entonces me acerco a una pequeña tiendecita que se encuentra frente al colegio, una de esas tiendas que aún resisten a la hegemonía de las grandes superficies comerciales y que abastece de alguna u otra forma, a los vecinos de ese humilde barrio. Suelo comprarle uno de esos pastelitos de chocolate que, por regla general, suele traer alguna que otra  pegatina en su interior,  y que suelen ser la excusa perfecta para que se lo devore en un santiamén. De paso y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, pido un pequeño bocadillo de mortadela para mí, y me vienen a la memoria recuerdos del patio  de esa  escuela de Santa Teresa, donde estudié aquella antigua EGB y me llena de nostalgia y melancolía.
Cuando le doy su pastelito, me regala una sonrisa y me da las gracias con ese hablar tan particular de quien no sabe aún pronunciar la erre. Se va contento a jugar, con la felicidad de quien se siente querido aunque sea por un instante. A los pocos minutos vuelve a buscarme y me regala la pegatina en señal de agradecimiento por el gesto de cariño y afectividad que he tenido hacia él y sale corriendo con la satisfacción de que su maestro le quiere y se preocupa por él.
Las circunstancias marcan la vida de una persona, él es fruto de sus circunstancias, de su contexto social y familiar, y posiblemente, durante toda su vida  recordará que su infancia no fue como la de los demás. Sin embargo, estoy convencido de que triunfará en la vida, porque tiene madera de héroe.