10 de septiembre de 2020

LA ESCUELA DE LAS MIRADAS

 

LA ESCUELA DE LAS MIRADAS

El viernes abrirá de nuevo las puertas nuestro CEIP Bernardo Barco. Seis largos y tristes meses después, la sonrisa de los niños y niñas del pueblo de la Campana inundarán otra vez  las aulas de nuestro maltrecho cole. Un nuevo curso escolar, atípico por las circunstancias que desgraciadamente nos ha tocado vivir, dará comienzo en un escenario de incertidumbre y “miedo” que no tiene parangón en nuestra más reciente historia. Padres y madres con infinidad de dudas pidiendo que se les garantice la seguridad de sus hijos e hijas, maestros y maestras intentando asimilar unas instrucciones y un protocolo “parido” de la improvisación y las prisas de una administración educativa que una vez más se pone de perfil cuando de un servicio público como la educación se trata.

 Una vez más asistimos al “no hay dinero” para un elemento de cohesión social como debe ser la educación en cualquier democracia moderna y que aspire a construir un país avanzado y lejos de la mediocridad. Una vez más, encontraremos aulas saturadas de niños y niñas con capacidades diferentes que no podrán ser atendidos como merecen porque hasta hoy los maestros y maestras carecemos del don de la ubicuidad para prestarles el tiempo y la atención que necesitan. Mucho alumnado, pocos docentes. Sin embargo, todavía  hay quien, desde la poltrona del poder, dice que el principal problema de la educación no es la elevada ratio, sino que hay otros factores que tienen una mayor incidencia en la calidad de la enseñanza. La ignorancia es muy atrevida y cuando a un señor lo sacan de la cancha de baloncesto para dirigir la educación de la mayor Comunidad Autónoma de este país, pasa lo que pasa.  

El viernes, quienes estudiamos para ser maestros y maestras, nos veremos obligados a convertirnos en enfermeros, vigilantes y  limpiadores para dar respuesta a una emergencia sanitaria que se pretende resolver a coste cero, sin recursos y sin medios, solo y exclusivamente confiando en la buena voluntad de los profesionales de la enseñanza.  

 A pesar de todo y de todos, los maestros y maestras volveremos a estar a la altura de las circunstancias, como ya lo estuvimos en el confinamiento y como lo hemos estado en estos primeros días de septiembre.

Será el año de las escuelas de las miradas, pero será. Tras esa máscara, cada maestro y maestra, deberá interpretar la tristeza, la decepción, la frustración o el agradecimiento a nuestro trabajo. Los ojos de nuestros niñas y niñas serán el combustible que cada día nos dará la fuerza necesaria para remar en este mar de incertidumbre y desasosiego que se nos presenta. Y es que como decía Paulo Coelho nadie logra mentir, nadie logra ocultar la verdad cuando miramos directo a los ojos.

Sí, será el año de las miradas, pero también será el año en el que los maestros y maestras podemos poner en valor la profesión más hermosa del mundo. Mucha suerte.