Cada vez es más frecuente ver a los abuelos y a las abuelas al mando del cochecito de sus nietos o esperando a mediodía la salida de los niños del colegio. Son abuelos y abuelas, que para bien o para mal, están viviendo una segunda paternidad, en muchas ocasiones forzada por la circunstancias laborales del contexto familiar de sus hijos.
El nuevo papel que juegan en la sociedad actual no es más que la consecuencia de los cambios que se han ido produciendo en la estructura familiar a raíz de la incorporación de la mujer al mundo laboral, y que en gran medida, está ayudando a la materialización de la conciliación de la vida laboral y familiar, que algunos políticos enarbolan como la bandera del bienestar social.
Llevo algunos años dedicándome a la docencia, y en mi condición de maestro puedo dar fe, del cariño , la paciencia y delicadeza con que los abuelos y abuelas despiden a sus nietos/as en la fila del cole o de la guardería , el entusiasmo con que vienen a recogerlos, y en muchas ocasiones, es digno de admirar, el interés que muestran por el rendimiento escolar de sus pequeños, pues para ellos su mayor preocupación no es otra que sus nietos aprendan lo que ellos , por circunstancias históricas no pudieron aprender en su tiempo.
En nuestro entorno rural, debido posiblemente al contexto socio económico y laboral tan concreto y particular que tenemos, la función social que cumplen los abuelos y abuelas, cobra quizás aún más relevancia si cabe. La eventualidad en el empleo, así como el paro estacional que se vive gran parte del año, obliga a que un gran número de familias tenga que coger sus maletas para ir a trabajar tanto al extranjero como a distintos puntos de nuestra geografía, durante largos periodos de tiempo. Esto provoca que muchos niños y niñas, que no tienen la posibilidad de ir con sus padres a los destinos de trabajo, tengan que quedarse bajo la responsabilidad de sus abuelos, convirtiéndose estos, en portadores de la patria potestad durante meses.
Todo lo dicho anteriormente, hace que en ocasiones me plantee ciertas cuestiones sobre el reconocimiento social que reciben estos “abuelos niñeros”. ¿Se valora realmente por nuestra sociedad el trabajo desinteresado de nuestros más mayores? ¿Se tiene constancia por parte de las distintas administraciones de la importancia que tienen para la conciliación de la vida familiar y laboral?
El reconocimiento por parte de la sociedad actual aún está por llegar, e incluso, existen multitud de casos, en los que sus propios hijos e hijas, más que agradecer lo que hacen, se ven con el derecho de exigirles, porque entienden, equivocadamente claro está, que por su condición de abuelos y abuelas, están obligados a participar directamente en la crianza, cuidado y educación de sus nietos y nietas.
Aunque sea triste decirlo, en muchas ocasiones el premio que recibirán por dar más vida de la que les queda, por dedicar más horas de las que sus cuerpos deteriorados por la edad pueden soportar, no es otro que el acabar en un asilo, y en el mejor de los casos, recibir un mísera pensión con la que cubrir sus necesidades básicas el tiempo que les queda de existencia.
Dice un buen amigo mío, que a la gente, por muchos lazos de sangre que nos una, hay que darle siempre la mitad de lo que se merece, porque al final hay muy pocos que te agradecerán lo que has hecho por ellos. Pues bien, la fragilidad de memoria del ser humano, o la flaca memoria, de la que disponemos cuando nos interesa, hace que el trabajo desinteresado y cargado de amor y cariño, que ofrecen estos abuelitos, caiga en saco roto, convirtiéndose la mayoría de ellos para sus propios familiares, en objetos inservibles, que en muchas ocasiones, cuanto más avanzada sea la edad de éstos, acabarán estorbando donde antes fueron imprescindibles.
Por todo ello, y aprovechando esta tribuna que me ofrece internet, quiero hacer justicia con ellos, reconocer públicamente el papel tan trascendental que desempeñan en nuestro día a día, un papel digno de alabar aunque se haga en la sombra, y aunque alguna vez “malcríen” a sus retoños, ¿cuántas cosas les enseñan, les dicen, que a sus padres ni siquiera se les pasaría por la cabeza? Cada una de las canas que peinan, en sus hermosas cabelleras, es sin lugar a dudas, una fuente de sabiduría que todos deberíamos aprovechar. Por eso resulta curioso, que entre todas las efemérides existentes en el calendario anual, todavía nadie haya tenido la genial idea de instituir de forma oficial en nuestro país, el DIA DE LOS ABUELOS Y ABUELAS, para rendirle el tributo que se merecen, para darles las gracias por todo lo que hacen sin pedir nunca nada a cambio, por los desvelos, por los cuidados, por los sufrimientos y los sacrificios, por el derroche de amor y cariño hacia nuestros más pequeños y pequeñas, por hacer de padres cuando éstos no están. Darles las gracias, compartir cada año un día de alegría, proporcionar unas horas de cariño, ternura, amor en sus soledades de personas mayores, logrando la sonrisa de su ancianidad, la chispa de viveza en sus ojos, fatigados por su vejez, consumidos por los años, pero siempre generosos con todos.
Desde este balcón de libertad de expresión que supone la red, he querido desde lo más hondo de mi corazón, rendir mi particular y humilde homenaje a todos y todas los abuelos y abuelas de España, con la convicción de que serán muchos y muchas los ciudadanos y ciudadanas que se sumarán a él. Va por ustedes abuelos y abuelas.
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