Comenzaron llamándose La Bejazz Desconocida. Con este juego de palabras, se dieron a conocer hace ya algunos años, en alusión a un lema que por aquellos entonces el pueblo de Marchena utilizaba para dar a conocer su maravilloso patrimonio cultural y artístico del que pretendía hacer gala en el mundo entero (La Bella desconocida). Se trata de cinco marcheneros de pura cepa que, un día, unidos por la pasión por la música jazz y el flamenco, se dejaron llevar por las extraordinarias musas de la inspiración más personal y profunda para iniciar un camino, que a todas luces, se presenta como exitoso y apasionante. Embajadores de un pueblo con tradición flamenca por los cuatro costaos, presumen en cada actuación de sus orígenes y agradecen el haber nacido en esta bendita tierra, cuna del flamenco y amante del jazz como ningún otro pueblo de la provincia.
Conocedores del futuro que les deparaba el destino, pronto desligaron de su tarjeta de presentación el adjetivo “Desconocida”, conscientes de que su aportación al mundo musical no pasaría desapercibida para nadie.
La Bejazz, el quinteto marchenero o la banda del Carmona, como algunos la denominan en consideración a su componente más veterano, Javier Carmona Montero, dio a luz su segundo disco hace apenas dos meses. “Sueño Andaluz”, suena a flamenco, pero sabe a jazz, y es que aunque este segundo trabajo pretende ser un homenaje particular al pueblo de Marchena, baluarte del flamenco y la guitarra, no se desprende de sus raíces más genuinas y puras del jazz. La Bejazz, tiene alma, sabe diferente, transmite y embelesa, tiene juventud y talento. Pero sobre todo, tiene “duende”, y cómo decía el genial Federico García Lorca, “para buscar al duende no hay mapa ni ejercicio”. Con el duende se nace, y esta genial banda, ha nacido con él.
Dominan casi todos los instrumentos habidos y por haber e improvisan con un desparpajo digno de los más grandes del género. El sábado pasado, en la presentación de su disco, consiguieron emocionarme. Después del concierto, supe que lo que había escuchado era música con mayúsculas, era arte en estado puro y lo mejor de todo, es que yo, estuve allí para poder contarlo.

yo tambien estuve alli. Su música nos envolvió a todos haciéndonos pasar dos horas maravillosas.
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