Hoy me quiero dirigir a esos hombres que desde la sinrazón más absoluta e inexplicable, y con la más que despreciable frialdad y ruindad de que es capaz el ser humano, siega la vida de una mujer y destroza para siempre a quienes de alguna u otra forma, nacieron del fruto del amor , que en algún momento pudo existir entre la víctima y su verdugo.
Y me dirijo con el mayor de los desprecios que se puede tener hacia quien se ve con el derecho de decidir cuando acaba la existencia de una persona inocente. Y me dirijo a ellos con el asco y la máxima repugnancia que soy capaz de generar desde mi más estricta moralidad que siempre suelo llevar por estandarte.
Y me dirijo a ellos con la cara destapada, con la mirada torva de quien se ve con el derecho de repudiar a quienes cobardemente, ponen fin al viaje de una madre, cuya única ilusión en esta vida, era ver crecer a ese ser, pequeño y desprotegido, que hoy llora su ausencia y se pregunta por qué ella se fue sin despedirse . Y no entiende nada, porque es muy difícil asumir que te roben el cariño de una madre para siempre, que te desgarren el corazón y te arañen el alma. Por ello, me quiero dirigir a ellos sin tapujos, para llamarles cobardes, asesinos con mayúsculas, y sin un ápice de compasión, porque no merece compasión, quien carece de escrúpulos para quitar la vida a la madre de su hijo.
Desde este balcón de libertad, desde esta ventana a la esperanza, desde este humilde taller de la palabra, hoy quiero rendir mi más sincero homenaje a todas las mujeres que perdieron su vida a causa de esta lacra que llaman violencia de género y a todas aquellas, que siguen padeciendo en la oscuridad de la noche, y desde el silencio más sepulcral, la vejaciones, el maltrato y la humillación de un hombre.
Con la esperanza de que algún día despertemos de este mal sueño y con la convicción de que solo con el compromiso y la implicación de todos los sectores de nuestra sociedad , muy pronto podremos anunciar el fin de esta pesadilla que tanto daño está causando en tanta gente.

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