11 de marzo de 2013

HÉROES ANÓNIMOS


Hace tiempo que vengo observando cómo la gente hace uso de su palabra de una manera realmente gratuita e inconsciente, abogando en todo momento que lo que dice o escribe, lo puede decir o escribir porque el derecho a la libertad de expresión se lo permite y principalmente porque ese derecho fundamental debe presidir todo país que se precie de tener una democracia mínimamente consolidada. Hace tiempo que vengo observando, escuchando y reflexionando sobre las opiniones y manifestaciones que sobre cuestiones políticas (teniendo en cuenta que política es todo), vierten mis compañeros/as, amigos/as y todo aquel ciudadano o ciudadana que de alguna manera conforman mi espacio vital.
Mi curiosidad o quizás mis ansias de buscar una respuesta a lo que acontece a mi alrededor, e intentar situarme en una perspectiva de reflexión constructiva, que me haga sentirme vivo e independiente, y no marioneta de ningún sistema o partido que me convierta en un número, anulando mi condición de ser pensante, me han llevado a concluir que la inmensa mayoría de los que creen o entienden que cuando hablan, escriben o se expresan en cualquiera de los medios existentes, no lo hacen desde una posición independiente e individual , sino que  son simples reproductores de los mensajes que el sistema se encarga de inocularnos a diario. Por lo tanto, no son ellos ni ellas quienes opinan o se expresan, sino que es el propio sistema el que está hablando en boca de todos y todas.
Digamos que llevamos ya bastantes años, siendo abducidos por los medios de comunicación, que cada día nos bombardean con la información que al sistema le interesa que cale como una lluvia fina en nuestra sociedad, para convertirnos en el rebaño dócil y obediente, que les allane el camino para acometer sus tropelías y sus excesos con la naturalidad de quien hace algo completamente lícito y dentro de los parámetros democráticos que nos amparan. Pues bien, ese rebaño dócil, sumiso, abnegado y obediente cuando habla y opina, haciendo un ejercicio de ciudadano libre en un país plenamente democrático, lo que está haciendo realmente, es una defensa de los intereses de quienes les están condenando al abismo más absoluto.
Sin embargo, quienes optan por desobedecer los designios y propósitos de éstos, y escogen argumentos que cuestionan el pensamiento único que las cajas tontas de nuestros salones o esos papeles impresos mal llamados prensa informativa, son tachados automáticamente y sin derecho a réplica alguna, como ciudadanos antisistema, en el más estricto sentido peyorativo que esta subversiva palabra encierra.
Cuando oí por primera vez ese vocablo en los distintos medios de desinformación de este país, que suelen ser la mayoría, observé que se refería a un grupo de gente con un perfil determinado: generalmente chicos y chicas jóvenes, rebeldes, con posiciones ideológicas de izquierdas, de ropa y atuendos de lo más variopinto y por regla general, con el cabello descuidado y el cuerpo tatuado con algún que otro símbolo con el que se identificaban.

La verdad sea dicha, jamás he sido una persona anti-nada y siempre he hecho gala de un comportamiento  extremadamente tolerante, dando  muestras de una paciencia infinita en más de una ocasión en la que he escuchado comentarios y opiniones que podrían estar en las antípodas de mis pensamientos y posiciones ideológicas. Según las televisiones del maravilloso país de los casi seis millones de parados, ser antisistema es poco más que una deshonra nacional, una vergüenza que perjudica nuestra nación y transmite una imagen poco conveniente al exterior.
Teniendo en cuenta la “objetividad y transparencia” del pensamiento monocorde de los medios de comunicación, no sé por qué, pero desde hace un tiempo,empiezan a caerme en gracia estos antisistema.
Y es que si me pongo a observar detenidamente lo que hacen, no encuentro ni un solo motivo para criminalizarlos, todo lo contrario, encuentro infinitas razones para convertirme en uno de ellos. Los hay de todas las edades y profesiones, está por todas partes y hay algo que los convierte en héroes: la razón que en todo momento les acompaña y el valor para defenderla. Aunque algunos y algunas se empeñen en convertirlos en enemigos de nuestra sociedad, estoy convencido de que con los tiempos que corren no hay mejor amistad que aquella capaz de defender lo que tu cobardía te impide.
Son gente anónima en su mayoría, cuyas historias y vidas son tan parecidas a la tuya que seguramente, a poco que hables dos palabras con ellos o ellas, enseguida te darás cuenta  de que lo que te contaron en ese aparato que preside tu salón y que tanta compañía te hace (y al mismo tiempo, tanto daño a tu conciencia), era una mentira más de este contador de historias llamado sistema, que nos educa para no pensar y que nos convierte en meros reproductores de un mensaje que solo interesa a unos cuántos, pero que perjudica enormemente a la gente normal, que somos la mayoría.
Se rebelan contra las injusticias cometidas contra los ciudadanos de este país, participan en las mareas verdes, blancas, negras  y de todos los colores del arcoíris, se oponen a que una familia ,con o sin hijos sea expulsada de su casa, protestan contra la galopante privatización de la sanidad y la educación pública, alzan su voz contra el preocupante estado de salud  de nuestra joven democracia, gritan de dolor cada vez que un desahuciado decide poner fin a su calvario, señalan con el dedo y ponen nombre y apellidos a los culpables de esta macabra historia para no dormir, que llamamos crisis, ponen el grito en el cielo cuando se les niega la sanidad a los desheredados de este mundo que llegaron en patera buscando la dignidad y lo mejor de todo, es que lo hacen sin complejos, con la cara descubierta, como los valientes que saben que las páginas de la historia de este país , algún día, se acordarán de lo que hicieron.


Tengo un hermano en paro desde hace tiempo, su desesperación me desespera y el futuro que le puede deparar a mis dos sobrinos me acongoja y estremece. Cada día voy a visitarlo y cada día soy más antisistema, me duele lo que veo, me duele lo que escucho. Me niego a ser  espectador de esta tragicomedia, me niego a pensar que las cosas son así porque no pueden ser de otra manera, me niego a escuchar opiniones desde la ignorancia que da el desconocimiento de la realidad y me niego a que no me dejen pensar por mi mismo.
Mentiras y mentiras repetidas una y mil veces hasta convertirlas en verdad, miente mucho que algo quedará. Es la estrategia que siguen y les está dando resultado. Pero, contra los héroes no podrán, nunca pudieron y esta vez tampoco lo conseguirán.
Sí, tengo un hermano, que lo está pasando mal, sueña con otro sistema más justo y de rostro humano que le permita ver un horizonte de esperanza para sus dos pequeños. Seguramente tiene miedo, incertidumbre, y hace tiempo que dejo de ver las mentiras que vomitaban algunos en las distintas televisiones. Es un antisistema, como yo, un héroe, y me siento muy orgulloso de él. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario