28 de noviembre de 2011

CARTA A DIOS

Padre nuestro que estás en los cielos, todopoderoso y creador de cuanto existe en este mundo.  Me dirijo a  Usted, que dicen que todo lo puede y que todo lo sabe, que es testigo de lo bueno y de lo malo que ocurre sobre la faz de la Tierra. A usted que imparte justicia divina cuando le place y que suele dirigir los designios de esta humanidad con una equidad fuera del alcance del más común de los mortales, o al menos eso he oído siempre de aquellos que suelen hablar en su nombre porque dicen representarlo por mandato divino.
Me dirijo a usted con todo el respeto que me merece, quien es la máxima autoridad bíblica y el consuelo de millones de personas para quienes la fe en la religión que usted representa es el pilar sobre el que sostienen sus vidas.
 Esta es la tercera misiva que tengo a bien enviarle. En las dos anteriores no obtuve respuesta alguna, espero que en esta ocasión tenga más suerte.
Perdone mi atrevimiento, pero creo que debo informarle de algunas cuestiones que a mi parecer usted desconoce, bien porque su agenda no le permite resolver todas las cuestiones pendientes en este mundo o bien porque aquellos que usted ha designado como representantes de su palabra no le informan convenientemente o no son lo suficientemente sinceros con usted, como sería de esperar por el cargo que  ostentan. Por estos motivos, he decidido informarle de hechos y situaciones que están sucediendo casi a diario en este mundo y que, desde mi modesta opinión, habría que paliar cuanto antes.
 No sé si sabe, que el máximo representante que usted tiene en la tierra, un señor que suele vestir casi siempre de blanco y que reside en el vaticano, vive en la más absoluta opulencia, rodeado de tanto oro y lujo, que serviría para dar de   comer a media humanidad. Mientras tanto, más de 800 millones de seres humanos pasan hambre o sufren desnutrición. Sí, no le miento, esto es así, así de indignante e incomprensible, al mismo tiempo.
 No sé si usted conoce que la mayoría de las guerras que existen en la actualidad o han tenido lugar en años anteriores, se hacen en su nombre, es decir, por motivos religiosos, causando sufrimiento a millones de inocentes, y devastando a países por completo.
No sé si sabe, que la Iglesia que usted preside es inmensamente rica y que recibe anualmente más de diez mil millones de euros del Estado Español, además de poseer un incalculable patrimonio inmobiliario a lo largo y ancho de nuestro país. Mientras tanto, más de un millón de españoles están en el umbral de la pobreza y miles de familia han sido desahuciadas de sus casas y se encuentran literalmente en la calle.
No sé si sabe que la Iglesia que usted representa y su máxima autoridad, el Papá, sostienen que la homosexualidad es algo anormal, que va contra la naturaleza y como tal, se considera una anomalía o enfermedad del género humano. Para más inri, uno de sus obispos más importantes, el señor Rouco Varela, incluso ha culpado de la crisis económica que azota a nuestro país, el hecho  de que se haya autorizado el matrimonio homosexual. Si tiene acceso a internet en ese lugar en el que se encuentra, o hay algún kiosco cerca, puedo comprobar por usted mismo esta auténtica aberración sin precedentes.
No sé si sabe que  en el seno de la Santa Madre Iglesia, la pederastia está al orden del día, siendo muchos, los predicadores de su palabra, imputados por haber abusado sexualmente de niños y niñas indefensas, en ocasiones con la connivencia y el silencio cobarde de la cúpula eclesiástica. 
No sé si sabe que su Iglesia, esa que llaman la casa de Dios, apoyó el golpe militar del 36 que supuso el inició de una sangrienta guerra que sembró de terror y sufrimiento nuestro país durante tres largos y tristes años. Una guerra que la benefició enormemente consiguiendo una situación de privilegio y obteniendo grandes riquezas, que a día de hoy, aún conserva.
No sé si sabe que en el año 2011, cuando han transcurrido más de cuarenta años desde el fin de esa cruenta guerra, los doctores de su Iglesia, aún no han condenado los miles asesinatos cometidos por una dictadura que envileció durante décadas nuestro país.
No sé si sabe, que el Papa manifestó su rechazo al uso del preservativo, como medio para evitar el contagio del SIDA, y lo hizo en pleno continente africano, donde el SIDA, es una de la enfermedades que más muerte causa entre la población y todo ello, a sabiendas de que la medicina aboga por este eficaz método como el más efectivo contra el contagio de esta enfermedad.
No sé si sabe, que las desgracias se suelen cebar con los pueblos más necesitados en forma de terremotos, huracanes, ciclones y maremotos. Y así es imposible que esos pueblos puedan desarrollarse como es debido.
No sé si sabe, que hay muchos niños y niñas que mueren, que abandonan a sus padres demasiado pronto, dejando en ellos una herida en sus almas que nunca acaba de cerrarse y un dolor incomparable con nada en este mundo.
No sé si sabe, que hay un pueblo que ha sido desterrado de su territorio  y vive en pleno desierto desde hace más de treinta años, viviendo de la solidaridad de otros pueblos que todavía tienen una mínima vergüenza. Algo parecido al pueblo de Moisés que durante cuarenta años  estuvo buscando la Tierra Prometida. Aunque en este caso, no hay que buscar esa tierra porque ya la conocen y saben perfectamente donde se encuentra.
No sé si sabe, que su Iglesia, es una de las pocas instituciones del mundo, donde la mujer no puede optar a alcanzar un puesto de relevancia en la jerarquía eclesiástica y mucho menos, porque eso es impensable, ostentar el Papado. Es decir, su Iglesia, además de obsoleta en sus planteamientos, es machista por definición.
Pues bien, señor Dios, ya termino, porque tampoco es mi intención aburrirlo y soy consciente de que son muchas las cartas que recibirá casi a diario y supongo que preferirá que no sean demasiado extensas. Le he relatado lo que en mi opinión son realidades que usted debería conocer y remediar cuanto antes por el bien de la humanidad, si es que aún podemos utilizar este término, después de las atrocidades que se están cometiendo y de las cuales, algunas acabo de enumerar.
Para concluir le emplazo a que haga una reflexión. Mire usted, su hijo, Jesús de Nazaret, que conocí a través de una magnífica monjita, que tuve la suerte de tener como maestra de Religión y que responde al nombre de madre Isabel, vino a dejarnos unas enseñanzas que mostraban un claro compromiso con los oprimidos y explotados de este mundo. Un mensaje de paz y solidaridad que muchos como yo, seguimos compartiendo, aunque desde posiciones muy alejadas a la práctica religiosa.
Sin embargo, las practicas de la Iglesia Católica como institución, han sido siempre en España un pilar básico de las estructuras de poder responsables de una enorme explotación y opresión de las clases populares. Lo que le quiero decir con esto, es que existen grandes contradicciones entre lo que su hijo predicó y lo que está pasando con su Iglesia. Quizás, si usted interviniera y consiguiera que las enseñanzas de su hijo se llevasen a cabo, tal y como él las planteó, mucha gente volvería a confiar nuevamente en usted. Y recuerde, que el hecho de poder hacer las cosas, no lo justifica. Hay que hacerlas.
Sin más que decirle, me despido agradeciéndole de antemano que haya dedicado unos minutos de su tiempo a leer esta carta, porque con lo que está cayendo supongo que la faena que tiene por delante no es poca. Gracias y hasta pronto.

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