Hace cuarenta años lanzar octavillas por las calles, de noche y a escondidas era un acto de valentía y de arrojo. Te jugabas la libertad personal y, en muchas ocasiones, la vida. Hoy criticar enmascarado y bajo el anonimato para destruir, para dañar, es un acto de verdadera cobardía. Porque insultar, mentir y manipular sin dar la cara y escondido bajo el matorral es simple y llanamente un acto de sinvergonzonería detestable. La proliferación de espacios en internet donde cada cual y cada quien pueda expresar lo que piensa y opina no deja de ser un avance en la libertad de expresión. Pero esta libertad de expresión también tiene unas líneas rojas que las separa de la libertad de dañar impunemente. Los llamados “foros-ciudad” donde toda persona puede escribir sin control ni límites sobre cualquier asunto y sobre cualquier persona es una peligrosa contribución al “fascismo dialéctico”. Se dicen demócratas pero no lo son. Se dicen defensores de la pluralidad pero persiguen hasta el límite al que piensa distinto. Se dicen de izquierdas y se reflejan en las aguas de los charcos fascistas. Todos los que tengamos un mínimo sentido democrático deberíamos estar llamados a combatir este tipo de foros y a este tipo de personajes que tanto daño causan a las personas y a la democracia. Se permiten el placer de mentir, de insultar, de acusar, de manipular… Se permiten regocijarse en el gusto que les da la tranquilidad de que nadie sabe quiénes son. Sueltan sus vómitos y sus odios sobre un teclado de ordenador y pretenden mancharnos a todos con sus resentimientos y sus cuentas mal resueltas. Así siguen día tras día… hasta que alguien harto de estar harto, cansado de zafiedades, de ataques a la dignidad y de insultos, quiso defenderse y al mismo tiempo defendernos a todos. Interpuso denuncia ante la Guardia Civil y ahora ya conoce el rostro y la cara de quienes tanto daño gratuito le han causado a él y a su entorno. Personas muy vinculadas con partidos políticos de nuestro pueblo han insultado gravemente bajo el anonimato que creían les daba el brillo de una pantalla de ordenador conectado con el mundo. Y los han pillado. Han mentido y han injuriado sin dar la cara, como los “valientes”. Simplemente vergonzoso. ¿Con qué cara elevaran sus ojos hacia quien insultaron tan gravemente? ¿Con qué mirada alzarán a partir de ahora su cara hacia los fontaniegos? Animamos a no leer bazofias y escupitajos de esos valientes soldados anónimos de la democracia y a combatir esos espacios de ciénagas en que se han convertido los denominados ”foros-ciudad”. No es tolerable que la indecencia domine sobre la libertad de expresión. Hace cuarenta años esos actos de rebeldía y de crítica al sistema desde el anonimato eran valorados por la sociedad como propios de audaces y valientes y ayudaron a traernos la democracia. Hoy estos actos que describimos son propios de cobardes y encogidos cínicos y únicamente ayudan a destruir la democracia y la convivencia.
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